Trabajo corporal: en orquesta es más complicado

Hace cuatro años que trabajo con músicos profesionales de dos grandes orquestas. Se pueden encontrar en ellos los problemas específicos de cada instrumento pero también se añaden las dificultades propias de tocar en una formación grande. Teneis aquí una lista breve. Que levanten el dedo los que se reconozcan

• La falta de espacio

Es particularmente verdad para las orquestas de ópera que tocan en un foso. Es difícil guardar la movilidad corporal normal, de separar un poco la silla para ganar confort, de girarla ligeramente para alinear mejor el busto y el brazo…El músico estará atrapado por todas partes! Citemos también el caso de los contrabajistas, que no pueden subir la pica y  tocan obligatoriamente sentados. Haría falta un verdadero trabajo de adaptación de la postura.

• Un atril para dos

Es el gran clásico de los atriles en las cuerdas: ¿quién tocará a la izquierda, quién a derecha? O el emplazamiento respecto al atril es el que puede generar incomodidad, tensiones musculares, instalación de dolores. Encima se puede sumar una molestia sobre la gestualidad de cada uno: el tema merecería  ser debatido entre los colegas.

El peso de la mirada de los otros

Me confiaba un joven violinista : « Tengo el hábito de estar en movimiento cuando toco, pero desde que toco en la orquesta, mi vecino, un músico más mayor me ha hecho comprender que mis movimientos le molestaban. Resultado: me he quedado quieta y tengo dolores ». Entrar en una orquesta, en efecto, es integrarse en una micro-sociedad con sus reglas y costumbres. No es fácil! Para no traspasar estas costumbres, este violinista a debido buscar un término medio entre sus movimientos de antes y la posición bloqueada a la cual no se adaptaba.

La necesidad de comunicarse con el otro

¿Cómo se comunica con sus compañeros de atril mientras toca? Por gestos, no hay más remedio. Y si algunos encuentran fácilmente su codo, otros luchan para meterlo. Teniendo el riesgo de hacer demasiado…y de hacerse daño. Los violonchelistas por ejemplo, en los cuales los movimientos de cabeza son tan frecuentes y marcados que crean grandes tensiones en los músculos del cuello. Esto puede degenerar en una          « instalación de patología », será mejor encontrar con sus colegas otro código de comunicación.

Las sillas no elegidas

En cas cada uno elige su silla. En orquesta, es la misma para todos y raramente está adptada a la práctica instrumental. Pienso particularmente en esas sillas « bañera » con el asiento profundo y el respaldo invertido hacia atrás: instalar un tono postural con una silla así es una hazaña!

Y vosotros, los que tocáis en una orquesta ¿habéis encontrado dificultades similares?

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